La falta de diálogo

“La Escalera de la Iglesia del Santo Sepulcro”

La escalera de la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén es mucho más que un objeto olvidado; representa uno de los ejemplos más emblemáticos de cómo las tensiones entre diversas comunidades religiosas pueden perpetuar la inmovilidad, tanto literal como simbólicamente. Esta modesta escalera de madera, situada en la fachada de la iglesia, ha permanecido en el mismo lugar durante más de 250 años debido al “Statu Quo”, un acuerdo que regula la coexistencia entre las distintas denominaciones cristianas que administran el templo.

Desde un enfoque masónico, esta escalera simboliza las barreras que surgen de la falta de diálogo y cooperación entre grupos con intereses comunes. Como constructores de puentes y buscadores de la luz, los masones pueden reflexionar sobre este caso para aprender cómo superar las divisiones y fomentar la armonía universal.

La Iglesia del Santo Sepulcro es uno de los lugares más sagrados del cristianismo. Construida en el siglo IV por orden de Constantino el Grande, se cree que alberga el lugar de la crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús. Sin embargo, su control ha sido históricamente motivo de disputas entre las distintas ramas del cristianismo: católicos, ortodoxos griegos, armenios, coptos, siríacos y etíopes.

Estas tensiones alcanzaron su punto culminante en el siglo XIX, cuando las rivalidades entre las comunidades cristianas llevaron al establecimiento del Statu Quo, un acuerdo que congela las relaciones de poder y uso compartido del templo. Según este acuerdo, cualquier cambio en la iglesia, por insignificante que parezca, requiere la aprobación de todas las comunidades involucradas.

La Escalera y el Statu Quo

La escalera de madera, ubicada sobre una cornisa en la fachada de la iglesia, ha permanecido en su lugar desde al menos 1757. Originalmente, se utilizó para fines prácticos, cómo acceder a la ventana para trabajos de limpieza o reparaciones. Sin embargo, con la instauración del Statu Quo, su simple existencia quedó atrapada en el entramado de disputas interconfesionales. Ninguna de las comunidades se atreve a moverla por temor a alterar el frágil equilibrio de poder, lo que ha convertido a la escalera en un símbolo de inmovilidad y división.

El significado simbólico de la escalera

Desde la mirada masónica, la escalera tiene un profundo simbolismo, ya que este objeto es un elemento recurrente en las enseñanzas y rituales masónicos. En la tradición masónica, la escalera representa el progreso espiritual, la ascensión hacia el conocimiento y la búsqueda de la verdad. Sin embargo, en este caso, la escalera permanece inmóvil, incapaz de cumplir su propósito original debido a la falta de diálogo y cooperación.

La escalera como representación de la estancación. La falta de movimiento de la escalera simboliza el estancamiento que ocurre cuando prevalecen las divisiones sectarias o ideológicas. En lugar de servir como un medio para elevarse, se convierte en un recordatorio de cómo los desacuerdos pueden paralizar el progreso colectivo.

La escalera como puente inacabado. En la masonería, se enseña que las herramientas y símbolos, como la escalera, deben usarse para construir puentes y superar barreras. La escalera del Santo Sepulcro, sin embargo, permanece como un puente inacabado, incapaz de unir a las comunidades en un propósito común.

El desafío de la unidad. El hecho de que todas las comunidades cristianas estén de acuerdo en no mover la escalera refleja un tipo de unidad negativa, basada en la inacción. Desde el punto de vista masónico, la verdadera unidad requiere diálogo activo, cooperación y el compromiso de trabajar juntos hacia objetivos compartidos.

La masonería, como fraternidad que busca la construcción de un mundo más justo y armónico, encuentra en la historia de la escalera una metáfora poderosa sobre los peligros de la falta de comunicación y el estancamiento.

La falta de diálogo como piedra de tropiezo. El Statu Quo puede interpretarse como una forma de evitar conflictos, pero también como una barrera para el progreso. Los masones, al fomentar el diálogo y la comprensión mutua, buscan superar este tipo de divisiones. La escalera nos recuerda que la inmovilidad puede ser el resultado de la falta de voluntad para escuchar y trabajar con el otro.

La responsabilidad compartida. En la masonería, el trabajo es colectivo; cada miembro contribuye al levantamiento del “templo interior” y al mejoramiento de la humanidad. La escalera del Santo Sepulcro, sin embargo, simboliza la renuncia a esa responsabilidad compartida, ya que ninguna comunidad se atreve a dar el primer paso para resolver el dilema.

La construcción como acto de reconciliación. Los masones ven en la construcción un acto de reconciliación y armonía. Si las comunidades del Santo Sepulcro pudieran cooperar para mover la escalera, demostrarían que la construcción simbólica y literal puede ser un medio para superar las divisiones.

Para historiadores como Raymond Cohen, autor de “Saving the Holy Sepulchre: How Rival Christians Came Together to Rescue their Holiest Shrine”, la escalera simboliza tanto la fragilidad de los acuerdos religiosos como la posibilidad de cooperación. Cohen argumenta que, aunque el Statu Quo ha evitado conflictos mayores, también ha perpetuado la desconfianza entre las comunidades.

Desde un punto de vista teológico, algunos ven la escalera como un recordatorio de la naturaleza humana, propensa a la división y al conflicto. Sin embargo, en la masonería, la naturaleza humana también tiene el potencial de trascender estas limitaciones a través de la búsqueda de la luz y la verdad.

El filósofo Hans-Georg Gadamer, en su teoría de la hermenéutica, sugiere que el entendimiento solo es posible a través del diálogo. Desde una perspectiva masónica, la falta de diálogo que perpetúa la inmovilidad de la escalera es un llamado a construir puentes de entendimiento entre las comunidades.

La escalera de la Iglesia del Santo Sepulcro es un símbolo de la inmovilidad que surge de la falta de diálogo y cooperación. Desde un enfoque masónico, esta historia nos enseña la importancia de superar las divisiones a través del entendimiento mutuo, el diálogo y el trabajo conjunto. Al igual que los masones trabajan para construir templos de armonía, las comunidades religiosas del Santo Sepulcro podrían ver en la escalera una oportunidad para construir puentes y dar un ejemplo de unidad en un mundo dividido.

“La escalera, aunque aparentemente olvidada, sigue siendo un poderoso recordatorio de que el progreso y la reconciliación solo son posibles cuando nos comprometemos a trabajar juntos hacia un propósito común”