“One love, one heart… Let’s get together and feel all right.”
Sabiduría, Poder y Herencia Espiritual. Del Templo de Salomón a Bob Marley
- I. Introducción: El misterio de una reina que viaja hacia la sabiduría
En el vasto mosaico de las civilizaciones antiguas, pocas figuras han despertado tanta fascinación y polisemia como la Reina de Saba. Enigmática, elegante, poderosa, su imagen se proyecta entre el mito y la historia, entre la teología y la antropología. Las tradiciones bíblica, islámica y etíope convergen en un punto común: una mujer soberana que emprende un viaje hacia Jerusalén para poner a prueba la sabiduría del rey Salomón. Pero, más allá del relato literal, su figura encarna una estructura simbólica profunda: la unión del poder femenino con la sabiduría divina, el encuentro entre África y Oriente, y el germen de una genealogía espiritual que atravesará siglos hasta alcanzar la conciencia afrodescendiente moderna y la música de Bob Marley.
El relato, que nace en los textos de los Reyes y Crónicas, trasciende los límites de la fe para adentrarse en el territorio del símbolo. A través de él se revela la tensión entre el saber y el poder, la sabiduría y el comercio, la espiritualidad y la política. La Reina de Saba no es solo una visitante exótica: es la encarnación de la búsqueda del conocimiento, de la curiosidad filosófica y del intercambio cultural. Ella representa —como ha señalado Mircea Eliade— “la estructura arquetípica del viaje iniciático, en el que la realeza femenina es mediadora entre lo visible y lo invisible”.
Y siglos después, cuando la identidad africana busca en la historia su dignidad negada, el mito resurge: la reina etíope Makeda, madre de Menelik, se transforma en la raíz simbólica del linaje del emperador Haile Selassie, último descendiente de Salomón y de Saba según la tradición etíope. En el siglo XX, la voz de Bob Marley cantará esa herencia, transformando el mito en música, la genealogía en revolución espiritual.
- El origen del mito y la historicidad posible
- Entre la Biblia, el Corán y el Kebra Nagast
La Reina de Saba aparece por primera vez en el Primer Libro de los Reyes (10:1-13) y en las Crónicas (9:1-12). La Biblia nos dice:
“Oyendo la reina de Saba la fama que Salomón tenía por el nombre del Señor, vino a probarle con preguntas difíciles.”
El texto continúa narrando cómo, al comprobar su sabiduría, la reina quedó maravillada, le ofreció oro, especias y piedras preciosas, y regresó a su tierra. No hay allí nombre propio ni detalles sobre su origen. La Biblia no pretende identificarla; su sentido no es histórico, sino moral y simbólico: mostrar la universalidad de la sabiduría divina manifestada en Salomón.
El Corán, siglos después, recoge y amplía esta narración. En la sura 27 (“Las Hormigas”), el profeta Salomón recibe noticia de una reina que gobierna Saba y que adora al sol. La invita a someterse al Dios único, y ella finalmente acepta. El islam la llama Bilqīs, y su historia se convierte en un relato sobre la conversión del alma hacia la unidad de Dios.
En Etiopía, el mito adopta un carácter político: el Kebra Nagast (“La Gloria de los Reyes”), redactado hacia el siglo XIV, identifica a la reina con Makeda, soberana etíope que viaja a Jerusalén, queda fascinada por la sabiduría del rey, concibe con él un hijo —Menelik I— y regresa a fundar el linaje sagrado que legitimará durante siglos la monarquía etíope.
Este texto no busca un registro histórico, sino una legitimación simbólica del poder real. En palabras del antropólogo Claude Lévi-Strauss, los mitos no son falsos o verdaderos: son “lenguajes de la estructura profunda del pensamiento humano”, y el Kebra Nagast cumple precisamente esa función: afirmar que la realeza africana participa del pacto divino de Israel.
- Localización y contexto histórico
Los historiadores ubican el reino de Saba en el suroeste de Arabia (actual Yemen), donde floreció entre los siglos X y V a.C. Era una civilización rica, organizada en torno al comercio del incienso y la mirra, y con complejos sistemas hidráulicos. Sin embargo, las tradiciones etíopes ubican el reino al otro lado del mar Rojo, en el Cuerno de África.
Arqueológicamente, ambos territorios mantuvieron un contacto estrecho: el mar Rojo no era frontera sino puente. Excavaciones en Marib (Yemen) y en Aksum (Etiopía) revelan una cultura compartida. Así, la Reina de Saba pudo representar, más que una persona concreta, la alianza comercial y cultural entre África y Arabia, entre los pueblos del sur y los reinos del norte.
El historiador israelí Israel Finkelstein sostiene que la historia refleja una diplomacia realista: el intercambio de bienes y saberes entre dos potencias. La reina no es una alegoría abstracta, sino la personificación de un orden político nuevo, donde el poder femenino podía coexistir con la autoridad patriarcal.
- Una mujer que interroga al sabio
El núcleo del relato —“vino a probarle con preguntas difíciles”— es profundamente filosófico. En el mundo antiguo, el cuestionamiento era símbolo de iniciación: quien pregunta se acerca al conocimiento, quien responde lo transmite. Salomón representa la razón divina; Reina de Saba, la sabiduría terrenal que busca comprenderla. Su encuentro es dialógico, un “banquete socrático” en clave oriental.
III. El simbolismo del encuentro con Salomón y el Templo
- El Templo como microcosmos
El Templo de Salomón no es un edificio cualquiera: es la morada de la Presencia divina. En la tradición masónica y en la exégesis simbólica, representa el cosmos ordenado por la razón y la sabiduría. Que la Reina de Saba lo visite significa, entonces, el ingreso del principio femenino en el ámbito del Logos: la materia reconociendo al espíritu, la naturaleza que rinde homenaje al orden universal.
Desde una lectura esotérica, el viaje de la reina simboliza la búsqueda iniciática del conocimiento. El oro, las piedras preciosas y las especias que lleva como regalo son metáforas de los tres niveles del alma: lo material, lo sensible y lo espiritual. En ese encuentro, Salomón recibe la riqueza del mundo, y Saba recibe la luz de la sabiduría.
Carl Jung veía en esta estructura un modelo de coniunctio oppositorum, la unión de los opuestos. En términos psicológicos, Salomón encarna el Logos; Reina de Saba, el Eros. Su unión —real o simbólica— es la integración de la psique: el equilibrio entre sabiduría racional y sabiduría intuitiva.
- El poder femenino y la alteridad
La Reina de Saba rompe los moldes de su tiempo. No viaja como esposa o súbdita, sino como soberana. Se atreve a interrogar al rey, a medir su sabiduría, a desafiar su autoridad con inteligencia. Su figura, en este sentido, encarna el arquetipo de la mujer que dialoga de igual a igual con el poder.
Desde la perspectiva antropológica, esto implica la irrupción de una figura femenina en el discurso de la autoridad masculina, algo poco común en los textos antiguos.
La antropóloga Gerda Lerner ha subrayado que los mitos de reinas sabias —como la Reina de Saba o Isis— son rastros de antiguas tradiciones matrilineales borradas por la historia patriarcal. Su aparición en los textos sagrados no sería casual, sino un eco de una época anterior donde la mujer representaba la fuente del saber y la mediadora entre los dioses y los hombres.
- El símbolo del intercambio
La entrega de dones entre ambos monarcas —oro, sabiduría, reconocimiento— expresa el principio antropológico del don recíproco que Marcel Mauss describió en su célebre “Ensayo sobre el don”: todo intercambio, incluso entre reyes, es una forma de comunicación espiritual. La Reina de Saba no busca riquezas, sino sabiduría; pero ofrece riquezas para merecer el diálogo. En esa reciprocidad se funda la verdadera alianza entre los pueblos.
- El linaje sagrado y la identidad etíope
El mito de la Reina de Saba y Salomón adquiere una nueva dimensión en Etiopía. Allí, el Kebra Nagast afirma que de su unión nació Menelik I, fundador de la dinastía salomónica, que reinaría —con interrupciones— hasta el siglo XX. La genealogía conecta directamente con el emperador Haile Selassie I (Ras Tafari Makonnen), considerado por sus seguidores el “León de Judá”.
Desde una mirada política, este relato legitima el poder imperial etíope como heredero de una alianza divina. En un continente sometido al colonialismo europeo, Etiopía se erige como el único Estado africano que nunca fue colonizado completamente. El mito de la Reina de Saba -Salomón funciona entonces como símbolo de soberanía africana, de continuidad espiritual y de resistencia ante la opresión extranjera.
La antropología contemporánea reconoce en esta narrativa una poderosa función estructurante: articula religión, identidad y nación. Benedict Anderson, al definir las comunidades imaginadas, habría visto en el Kebra Nagast un ejemplo perfecto de cómo los pueblos se piensan a sí mismos a través de relatos que les otorgan un origen divino. Etiopía se imagina hija de Jerusalén, pero también madre de África.
- Rastafarismo, Bob Marley y la herencia simbólica
- Haile Selassie y el retorno a Sion
Cuando en 1930 Ras Tafari Makonnen fue coronado como Haile Selassie I, Rey de Reyes, León Conquistador de Judá, en Jamaica y otras islas del Caribe comenzó un movimiento espiritual que vería en él la reencarnación de Cristo y el cumplimiento de la profecía de la Reina de Saba y Salomón.
El Rastafarismo —nacido del sincretismo entre cristianismo, conciencia africana y resistencia anticolonial— adoptó la genealogía salomónica como signo de identidad. Para los rastas, Etiopía es Sion, la tierra prometida; Occidente, Babilonia, el exilio de la opresión. La figura de la Reina de Saba se vuelve entonces madre ancestral del pueblo negro: la primera portadora de la luz que Salomón encendió, la matriz de la realeza africana.
- Bob Marley: la música como profecía
En la voz de Bob Marley, este mito ancestral se transforma en música y resistencia. Canciones como Exodus, África Unite, Zion Train o Iron Lion Zion invocan la herencia salomónica. Para Marley, el linaje de la Reina de Saba no era biológico, sino espiritual: la conciencia de que el pueblo negro descendía simbólicamente de un reino de sabiduría y dignidad, no de esclavitud.
Su música, por tanto, es una reinterpretación moderna del viaje de la Reina de Saba: un éxodo sonoro desde la opresión hacia la libertad. Donde la reina viajó hacia Jerusalén, Marley viaja hacia la conciencia, hacia la “Casa del Señor” que no está en piedra sino en ritmo, palabra y redención.
En una entrevista de 1979, Marley dijo:
“El hombre negro es rey. Nuestra historia no comienza en cadenas, sino en reinos.”
Esa frase condensa el espíritu de la Reina de Saba: recordar que África tuvo reinas, templos y sabiduría antes del colonialismo. El reggae se convierte así en un templo musical, donde la vibración reemplaza al incienso, y la palabra —como el oro de la Reina de Saba — se ofrece como don al oyente.
- Filosofía rastafari y arquetipo femenino
En la teología rastafari, la figura femenina (la reina, la madre, la tierra) tiene un rol espiritual esencial. La Reina de Saba es vista como el primer símbolo de la Empress Menen Asfaw, esposa de Selassie, y como arquetipo de la Queen Mother, fuerza creadora del cosmos. Esta dimensión matriarcal rescata la sabiduría femenina que la modernidad patriarcal había marginado.
- Dimensiones filosóficas y antropológicas
- El viaje como arquetipo del conocimiento
Desde la filosofía simbólica, el viaje de la Reina de Saba hacia Jerusalén puede entenderse como el camino del alma hacia la sabiduría. Platón, en Fedro, afirmaba que el alma, antes de caer al mundo, contempló la verdad; su retorno es un esfuerzo por recordar. Así, la Reina de Saba representa el alma que viaja desde la riqueza sensorial (oro, especias) hacia la iluminación (sabiduría de Salomón).
Mircea Eliade habría visto en su itinerario una forma de “hierofanía”: el desplazamiento hacia el centro sagrado. Jerusalén es el axis mundi, el punto donde el cielo y la tierra se comunican. La reina que llega allí no sólo visita al rey, sino al corazón del cosmos.
- Ciencia, mito y arquetipo
Desde la antropología científica, los mitos como el de la Reina de Saba cumplen una función de cohesión cultural. No se trata de ficción, sino de memoria colectiva codificada en lenguaje simbólico. Investigaciones genéticas en el Cuerno de África han mostrado antiguos flujos de población entre Yemen y Etiopía, lo cual da verosimilitud biológica al contacto narrado. La leyenda, pues, no surge del vacío: condensa recuerdos históricos de intercambios comerciales, migraciones y mestizaje.
- Filosofía política del mito
Políticamente, el mito de la Reina de Saba y Salomón plantea una idea radical: el poder justo nace del diálogo entre razón y sabiduría, entre lo masculino y lo femenino, entre lo local y lo universal. Salomón no es absoluto; debe ser probado. La reina no es inferior; tiene autoridad. Su encuentro sugiere que el orden legítimo no se impone, se comparte.
Este mensaje tiene vigencia contemporánea: en tiempos de hegemonías, fundamentalismos y desigualdades, el mito recuerda la necesidad de reconocer al otro —al diferente, al extranjero, a la mujer— como interlocutor válido de la sabiduría.
VII. Conclusión: El eco eterno de la Reina de Saba
La Reina de Saba es mucho más que un personaje antiguo. Es una metáfora del encuentro entre culturas, del poder femenino y del camino hacia la sabiduría. Desde su viaje hacia Jerusalén hasta su relectura en la música de Bob Marley, su figura ha mutado de reina mítica a símbolo universal.
Filosóficamente, representa la búsqueda de sentido; históricamente, el puente entre África y Oriente; políticamente, la afirmación de la soberanía africana; antropológicamente, la recuperación del principio femenino; espiritualmente, la unión del alma con la sabiduría divina.
En la visión rastafari, la Reina de Saba es la madre de un linaje espiritual que desafía a Babilonia. En Marley, su voz se hace canción: el canto de los hijos dispersos que recuerdan su origen real. Allí donde ella llevó oro y mirra, él lleva acordes y palabras. Ambos, en su tiempo, viajaron hacia el Templo del Espíritu.
Quizá el mayor legado de la Reina de Saba no sea su encuentro con Salomón, sino el diálogo que aún inspira: el diálogo entre saberes, entre pueblos, entre tiempos. Su figura nos recuerda que la sabiduría no pertenece a un solo trono ni a una sola religión. Es universal, femenina, viajera.
Y en las palabras de Bob Marley, resonando como eco del viejo mito:
“One love, one heart… Let’s get together and feel all right.” (“Un amor, un corazón… Unámonos y sintámonos todos bien”)
Esa unidad —entre pueblos, entre almas, entre la Reina de Saba y el Rey Salomón, entre África y la humanidad— sigue siendo el verdadero Templo de la sabiduría.







